Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.
Nos enseña a estar vigilantes y preparados para la venida del Señor, ya que, no conocemos el día ni la hora, pero sí, vivimos conforme al corazón de Dios, mantengamos nuestro primer amor y busquemos la plenitud del Espíritu Santo, estaremos listos.
Tenemos que estar preparados para que no nos sorprenda como un ladrón en la noche.
Como hijos de Dios, es nuestra responsabilidad de cuidar la casa espiritual.
No debemos perder nuestro primer amor, ni, la llenura del Espíritu Santo.
La parábola también señala que el regreso del Señor será inesperado, como el ladrón que llega en la noche. Por lo tanto, debemos estar preparados para que Su venida no nos sorprenda, sino que estemos listos cuando nos llame con Su voz y la trompeta de Dios. Similar a cómo el padre de familia asegura su casa antes de dormir, nosotros debemos tener todo en orden y necesario para el regreso del Señor. Esto implica el ayuno, la oración, la lectura de las Escrituras y compartir el evangelio.
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